Los animales saben que están al servicio de la vida, tal vez ellos más que nosotros y se presentan humildemente para cumplir el papel que les toca dentro del gran sistema global, del ecosistema, así como a su propio sistema al cual pertenecen.

Lo mismo ocurre cuando una mascota, sea cual sea, acaba en nuestro hogar. Ellos saben perfectamente el lugar que ocupan dentro del sistema en el que habitan y cumplen con «la función» que les corresponde.

De forma innata ellos cumplen los <<Órdenes del Amor>>. Hemos de recordar que estas leyes que Bert Hellinger descubrió forman parte de la Vida, de la propia Naturaleza y que se aplican a todos y a todo, a cada ser vivo. Por poner un ejemplo, es como la fuerza de la gravedad de la cual ningún ser vivo de este planeta se puede escapar.

El Orden

Podemos explicar esta ley o fuerza como que todos llegamos en un momento dado. Marca un tiempo sobre aquel ser vivo y también un lugar en el sistema en el que llegó.

En el caso de un sistema familiar, los padres llegaron antes que sus hijos y antes que ellos llegaron los abuelos. Este orden es importante para la propia armonía del sistema y para que sus miembros «funcionen correctamente«. Hay muchas circunstancias por las que ese orden es transgredido (mi intención explicarlo aquí) y tiene unas consecuencias nefastas por el miembro o miembros que lo incumplen.

Aplicado esto sobre nuestras mascotas, partimos de que son las últimas que se incorporan al sistema familiar y se ponen al servicio de éste. De ahí que los animales que están en nuestros hogares «hablen de nosotros o lo que ocurre en nuestro sistema«.

Pueden, por fidelidad y servicio al sistema en el que están, llevar <<cargas sistémicas>> que los dueños no pueden ver y les están mostrando aquello que las personas necesitan incluir de su propio sistema familiar.

<<Yo por ti>>

Ésta sería la frase que dice la mascota a uno de los dueños. «Yo voy a llevar esa enfermedad por ti, para que tú no sufras«. El amor arcaico que siente el animal le pone a disposición del sistema en el que vive.

En ocasiones, esto será así y en otras, mostrará enfermedades y problemas de su propio sistema al que pertenece. Habrá que averiguar cuál es el origen de lo que le pasa.

Incluso, su comportamiento. Si éste varía, si éste es muy diferente dependiendo de las personas con las que se encuentre o las visitas que lleguen a la casa. Todo esto lo veremos como indicadores para nuestra información de qué nos ocurre a nosotros.

Cada caso es totalmente particular y se ha de estudiar e incluso constelar para que nos dé la información precisa.

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